POR QUÉ EL BAUTISMO ES EL SACRAMENTO DE INICIACIÓN CRISTIANA
Anteriormente vimos los arquetipos del bautismo cristiano en la Biblia, así como la relación entre el bautismo de Juan, Jesús y el bautizo cristiano. En esta entrega veremos cómo empezó el bautismo entre los primeros cristianos.
El inicio del bautismo en las primeras comunidades cristianas
Los primeros discípulos no estaban bautizados en el nombre de Jesús, pero desde el principio de la actividad misionera de la Iglesia, en Pentecostés, la predicación de Jesús resucitado va unida al bautismo de los conversos en su nombre (Hch 2, 38-41). De hecho, si consideramos los numerosos testimonios en los Hechos y en las cartas de Pablo, el bautismo y la formación de la comunidad constituyen un todo.
¿Por qué, si ellos no estaban bautizados, los discípulos empezaron a bautizar?
Jesús, antes de su muerte y resurrección, nunca les ordenó bautizar a las gentes en su nombre. El puente histórico es el modelo de la vida misionera de Jesús, que se inició con su bautismo en el Jordán (Manual de Teología dogmática; Theodor Schneider; Ed. Herder, 1996).
La importancia de este signo se vio reforzada, seguramente, porque Jesús siempre habló positivamente del significado salvífico del Bautista (Mt 11, 7-19) y porque “después de Pascua una parte nada despreciable de los seguidores del Bautista hallaron acogida en el judeocristianismo palestino” (U. Wilckens, Brief 2, 54s). No obstante, el impulso decisivo habría sido la identificación de los discípulos con Jesús, siendo este pensamiento reforzado por el hecho de que la configuración de la perícopa del bautismo de Jesús está marcada por la práctica bautismal de las primeras comunidades (Schneider, o.a.c.)
De lo que no cabe duda es que las primeras comunidades bautizan convencidas de seguir el mandato de Jesús resucitado (Mt 28, 19ss).
Cómo era la forma del bautismo en las primeras comunidades
Dependiendo de la fuente que utilicemos, veremos cómo las fórmulas bautismales varían.
En los Hechos de los Apóstoles se habla del bautismo “en (el) nombre de Jesucristo” o “en el nombre del Señor Jesús”. Pablo usa las fórmulas “en Jesucristo” o “en Cristo”, si bien el griego original se traduciría mejor “para Cristo”. Cada una de estas fórmulas responde a la visión teológica de cada autor respecto del bautismo: Lucas acentúa la idea de traspaso a Jesucristo, mientras Pablo subraya más la idea de unión íntima con Jesús y su destino. La fórmula Trinitaria “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” sólo aparece una vez en la Escritura.
El bautismo no podía ser autoadministrado. El hecho de que el bautizando no se bautizara a sí mismo significaba que, además de ser algo que se solicita, el bautismo es un don que se otorga.
El gran bautismo era un proceso, compuesto por el catecumenado, el bautismo, la imposición de manos y la primera eucaristía. Comenzaba con una conversación con el obispo. El candidato era presentado por un cristiano (de ahí puede derivar la figura de nuestro actual “padrino”) al obispo, quien decidía si era idóneo para empezar el proceso, el cual duraba tres años, en el transcurso del cual había varios escrutinios que marcaban la vida moral del catecúmeno.
Aún hoy se sigue discutiendo si el bautismo, tanto el cristiano como el de Juan, se realizaba por submersión (el bautizando se sumergía por completo en el agua) o por inmersión e infusión (el bautizando estaba de pie dentro del agua y era rociado con ésta).
No todos los primeros bautizados eran creyentes o conversos
La estructura social judía y helénica en tiempos de las primeras comunidades estaba organizada alrededor del concepto “oikos” (casa), en el cual primaban por encima de todo los lazos no sólo familiares, sino de todos los que habitaban en una casa, servicio incluido.
De esta manera, era habitual que si el jefe de la familia adoptaba una religión, el resto de la casa, desde el mayor hasta el último esclavo, adoptara la misma. Esta manera de actuar también se aplicó al incipiente cristianismo. En el Nuevo Testamento encontramos algunos casos de bautismos de casas enteras (Hch 18,8; Hch 16, 15).
Ni que decir tiene que no todos los que se acercaban a recibir el bautismo estaban convencidos de ello, pero era una obligación hacerlo por los lazos familiares, como hemos indicado antes.
No obstante, también encontramos numerosos casos de conversiones y bautizos individuales, sin que ello afectara al resto de la casa. Así, pues, ambos modelos de conversión, el colectivo y el individual, cohabitan en el Nuevo Testamento sin ninguna dificultad.
¿Bautizaban a los niños en las primeras comunidades cristianas?
No es posible afirmar de forma segura si el Nuevo Testamento recoge o no el bautismo de niños, a pesar de las diferentes y profundas investigaciones que se han hecho la respecto (Schneider, o.a.c.)
A favor del bautismo de niños destaca Joachim Jeremias, siendo su antagonista Kurt Aland. Ambos han centrado su discusión en tres grupos de textos: los que hablan del bautismo de “oikos”, la bendición de los niños por parte de Jesús (no les impidáis...), y aquellos en los que Pablo habla del matrimonio mixto con un no creyente.
En todo caso, de estos textos no se puede sacar una conclusión clara y precisa que nos haga decir si, históricamente, en las primeras comunidades se bautizaban a los niños o no. Los argumentos a favor o en contra del bautismo de niños, por lo tanto, no pueden ser bíblicos, sino extraídos de otras fuentes o puntos de vista sistemáticos.
El bautismo es el Sacramento que une a todos los cristianos
Si en algo coinciden todas las ramas del cristianismo es en dos cosas fundamentales: el Padrenuestro y el Bautismo. Todas ellas coinciden en considerar al bautismo como el sacramento de entrada a la comunidad de creyentes, si bien cada una le dará una connotación especial.
Un sacramento que empezó no tanto como un mandato directo de Jesús, sino como imitación del que fue bautizado en el Jordán y, posteriormente, fue reconocido como el Mesías: Jesús.
Comentarios
Publicar un comentario